20 febrero 2018

FRAGMENTOS

Foto: E.J.T.
Conduce tus propósitos a lo largo de las dificultades y las agresiones como el general a su ejército, o el gaucho a su arreo, sin olvidarte del destino que has elegido y sin desintegrar el núcleo de tus ideales en beneficio de uno solo de ellos.
Defiende tus intereses como defenderías si eres noblemente organizado los intereses de tu vecino confiado a tu honradez, inteligencia y laboriosidad.
Vive la vida como una vida ajena; es decir: como quisieras que tu compañero, que tu hermano, que tu hijo, vivieran la suya.
No hagas tragedia, no des a tus dolores las proporciones de una catástrofe, ni la resonancia de una entrada triunfal a cada una de tus glorias.
No hagas punto contratiempo: que tus derrotas y tus victorias te estimulen, que tu vida sea justa y que tu muerte sea tachada de injusta.
No seas frío como el témpano, ni abrasador como la boca del horno; la displicencia, lo mismo que los locos entusiasmos, son dos pequeñeces, y si tu corona no llega nunca, no te vuelvas taciturno, agresivo y mal pensado; ni vayas a entregar a la madre tierra el cráneo roto del desesperado, o la pulpa adiposa del vicio, ya hediondo antes de morir: que baje a tu sepultura el cadáver sin mortaja de uno que hubiera podido reinar y merecer el homenaje del mármol y del bronce.

ALMAFUERTE (Pedro B. Palacios)

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