07 noviembre 2016

LA LEYENDA DE LA PLANCHADORA DEGOLLADA

El gobierno estaba pensando en construir un sistema de parques públicos en los diferentes barrios porteños y al futuro Parque Rivadavia le cayó en suerte ocupar las tierras de los Lezica. El proyecto no se concretó en lo inmediato, los años fueron pasando, y la quinta de los Lezica se fue deteriorando… Finalmente, en diciembre de 1927 el municipio dictó una ley de expropiación de la Quinta Lezica. Como sucede en estos casos, el gobierno terminó pagándole a los Lezica una suma mucho mayor que los ofrecimientos anteriores y muy superior también a lo que se podía estimar al valor real de la propiedad. Las obras de remodelación se hicieron en tiempo récord, de modo que en 1928 el Parque Lezica, un poco más tarde Rivadavia, fue abierto al público. (…)

La población llegaba al parque siguiendo diversos derroteros. Muchos de ellos llegaban por la calle Provincias Unidas de la zona de conventillos, y aprovechaban, en particular los chicos, para robar las frutas de los árboles que asomaban sobre el paredón trasero de la quinta. Con este telón de fondo quizás puede explicarse el origen de una de las primeras leyendas que empezó a circular alrededor del parque, pero lo cierto es que empezó a correr la historia de que una noche de luna llena sobre el paredón de la calle Provincias Unidas un chiquito fue acorralado y herido por una aparición que lo laceró apretándole una plancha caliente sobre el rostro. Según alguna de las versiones el pibe tuvo el rostro vendado más de un año y quedo deformado para siempre. Luego, de manera oscura e imprecisa, fueron sumándose los rumores de otros caso hasta que finalmente cobró vida completa la leyenda de la planchadora degollada que rondaba con su maldición nocturna por los alrededores de la quinta. (…).

El mito fue engordando y también su historia: la planchadora había sido, se contaba, una sirviente de los Lezica; se dijo que había muerto degollada, ahogada según otras versiones, aparentemente a causa de una pasión de amor mal resuelta, y que por las noches su espíritu vagaba plancha en mano en busca de venganza. Vaya uno a saber, lo cierto es que el cuento fue muy popular en la primera década de vida del parque y al parecer funcionaba bien para espantar a los pequeños pícaros del barrio.

JULIÁN D’Angiolillo


Foto: www.arcondelrecuerdo.com.ar

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