10 agosto 2016

INSTRUCCIONES PARA INCENDIAR UNA CIUDAD

Foto: E.J.T.
Ama a tu ciudad como si fuera tu sangre
pero no temas
a los cuchillos de las esquinas
porque inevitablemente
sabrán llegar
 a tu carne
ama con rabia a sus habitantes
describe sus movimientos
utiliza tu libreta de notas como atizador
lleva un catastro
de todos los desastres cotidianos
que veas al pasar
comprende que la soledad y el dolor
también se reflejan en las vitrinas
sus luces encandilan
al igual que el brillo
que provocan los pisos encerados
de los supermercados.
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No veo revoluciones en las miradas de los pasajeros de este bus
veo democracias tan partidas como la mano de los obreros
que acumulan rabia en las botellas para beberlas en los asientos traseros
veo miradas tan largas como número de cuotas bancarias
dejando en las ventanillas el vaho de los bailes interrumpidos.

Entre tanta libertad (de los mercados o lo que fuera)
quedamos cada vez más presos, como perfecta compaginación
de un libro que se quema
a sí mismo.     


Jorge Luis Navarro Honores

03 agosto 2016

JUEGOS Y TRAVESURAS*

Foto: www.japochan.files.wordpress.com
Los frondosos paraísos de la calle Arengreen atisbaban desde sus copas, tal vez con una sonrisa indulgente, los juegos y travesuras de los purretes de mi infancia.
Como en un calidoscopio van pasando ante mi vista el corpulento ejemplar frente a mi puerta de calle, allí a su vera llegaba mágicamente el tiempo de las bolitas, donde nos disputábamos al hoyo y a la quema las coloridas esferas. En esa vereda de espaldas a la calle, tirábamos contra la pared las célebres figuritas Starosta, con las figuras de los próceres futboleros de la época: ganaba el que conseguía el mejor “arrime”.
Allí mismo marcábamos con tiza las baldosas para demostrar nuestra agilidad y destreza con la “rayuela”. Con los vientos de primavera venía el tiempo de los barriletes. Se llenaban los potreros desde Felipe Vallese y Acoyte hasta Avellaneda, con padres y niños a lucir los multicolores cometas su carnaval en el cielo. Se acostumbraba atar una “yilet” en la cola del barrilete con el mítico propósito de derribar al del vecino. Llegaba el entachuelado balero objeto de innumerables contiendas. Ganaba el que lo embocaba la mayor cantidad de veces sin fallar. Jugábamos al “Indio”, violento y fortificante.
En la ochava de Virasoro y Arengreen se juntaban los niños en una acera. Sobre la calle, y tratando de impedir el cruce a la otra, estaba el “Indio”. A medida que se intentaba el pase, éste capturaba a los que podía, que se convertían en sus lugartenientes. El juego concluía cuando no quedaba nadie por atrapar... (...) terminábamos cansados y magullados pero felices.
Eran épicas las fogatas de San Pedro y San Pablo, con antelación a la fecha requisábamos el barrio todo el material combustible, muebles en desuso, cajones, palos, ramas, etc. Todo apilado en la tradicional ochava, prendíamos la enorme fogata y luego en sus brasas cocinábamos papas y batatas, en algunos casos nos excedíamos y algún vecino alarmado llamaba a la comisaría, los vigilantes (como se decía en esa época) derribaban la pira y provocaban nuestro desbande.
Venía el Carnaval, con las caras pintadas al carbón, pantalones en jirones, bonetes, tapas de cacerolas y cornetas emprendíamos la tournée por la calle Hidalgo en dirección a Primera Junta, por el camino hacíamos paradas en casas de conocidos donde cantábamos los estribillos. Comensábamos con el remanido: “Esta murga se formó” con diversas variantes, algunas subidas de tono y como broche de oro, con muchos años de antelación a la hoy novedosa educación sexual, entre titubeos y sonrojos entonábamos nuestra “pie en force”: “Todas las mujeres tienen debajo del delantal un soldado bigotudo y el escudo nacional”.

PABLO BUJ

*Texto incluido en su obra “Era mi barrio Caballito”

26 julio 2016

UN ESPACIO COMÚN CON UNA IDENTIDAD PARTICULAR


La Plaza Lezica, de más de setenta años, también conocida como Parque Rivadavia por hallarse sobre la avenida de igual nombre, constituía, en un pasado remoto, el terreno posterior de la quinta de la familia Lezica, y de ahí su nombre. El Colegio Normal Nº 4, que se ubica en el extremo oeste del parque, se corresponde con la casa de Ambrosio Plácido Lezica, conservando gran parte de su infraestructura.
A unos pocos metros de donde actualmente se erigen firmes Simón Bolívar y su caballo, bajo un blanco Arco del Triunfo, se levanta una pequeña construcción del siglo XIX: La Noria. Hay que destacar también que en este espacio verde, Ambrosio P. Lezica plantó uno de los primeros eucaliptus que ingresaron al país.
Al Parque Rivadavia también se lo conoce como el “Parque de los Enamorados” y por haber transitado por él, más de una vez, el literato Conrado Nalé Roxlo, quien solía encontrarse en él con sus amigos escritores. Aquella figura solía vivir frente al parque.
Otro modo peculiar en que es conocido el parque es el de “Quinta de los Fantasmas”. Se dice (nunca se ha corroborado) que de noche transita el fantasma sin cabeza de una lavandera que murió allí luego de ser asesinada (decapitada).
Dicen también que cuando se oculta, se pueden oír quejas de “cristianos a punto de ser degollados”.


(Edición Nº 2: febrero de 2005)

20 julio 2016

RECUERDOS DE NIÑEZ

Niños jugando en el club Premier (circa 1950, gentileza C. P.)
- “Cuando esta era una zona de petit- hoteles y Rivadavia estaba adoquinada, recuerdo que jugaba a la pelota con los chicos del barrio. Por allí pasaba el tranvía y tocaba su bocina cada vez que la pelota se nos iba a las vías”. Rosa (66) de Rivadavia y Otamendi.
(Edición Nº 1: diciembre de 2004)
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- “Los chicos jugaban en el Parque Rivadavia, donde comían peras, manzanas y nueces de los árboles de la antigua quinta de los Lezica. Después desmontaron un poco, porque se juntaban muchas ratas”. Beatríz (89) nos cuenta lo que hacían los niños de la década del cincuenta.
(Edición Nº 3: marzo de 2005)
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- “Recuerdo una casa que quedaba en Acoyte al 200, con un jardín hermoso al frente. Pasaba todos los días por ahí, cuando llevaba a mi hija al colegio. A ella también le gustaba esa casa, especialmente porque en aquel jardín había una réplica de la Venus de Milo que se ve que le llamaba la atención”. Angélica (84) de Hidalgo y Avellaneda.

(Edición Nº 1: diciembre de 2004)

10 abril 2016

EL MARTIRIO DE GIORDANO BRUNO


Giordano Bruno, nacido en Nola en 1548, ingresó muy joven en la Orden dominicana, movido por una profunda vocación religiosa. Sin embargo, sus nuevas teorías contra la concepción cosmológica aristotélica, pronto le ocasionaron serios inconvenientes con las autoridades de la diócesis. Durante el adoctrinamiento rechazó las imágenes de santos y aceptó únicamente el crucifijo. En 1566 se le inició un proceso por sospechas de herejía que no prospero. En 1575 recibió el título de Doctor en Teología de la Orden, pero al poco tiempo fue acusado de desviarse en la doctrina religiosa y tuvo que abandonar la orden. Huyó a Roma y después viajó por Italia y Francia, hasta llegar a Ginebra, donde abandonó los hábitos. Vivió un tiempo en Oxford, donde escribió la mayoría de sus diálogos italianos, y Alemania, donde compuso sus poemas latinos. Giovanni Mocenigo, supuesto mecenas, lo denuncia a la Inquisición. Fue trasladado a Roma en calidad de detenido, procesado y condenado a siete años en la cárcel. Se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo. Hubo varios intentos para lograr que se retracte de sus teorías filosóficas a lo que se negó terminantemente. Al contrario, Giordano Bruno decidió reafirmar sus conceptos. En un nuevo juicio fue sentenciado a la pena capital. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública. Antes de que fuera quemado uno de los monjes que lo acompañaron le ofreció un crucifijo para besarlo pero Bruno lo rechazó, diciendo que moriría como un mártir y que su alma subiría con el fuego al paraíso. Luego de la sentencia del Papa Clemente VIII, fue quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.

ALEZ SZARAZGAT

LA IMAGEN DE HOY

Foto: Esta es la entrada de la casa de Martín de Gainza 958, lugar donde fueron secuestrados Marta Elsa Bugnone y Jorge Ayastuy en 1977. Actualmente, su hijo Matías busca a su hermano o hermana nacido/a en cautiverio (Foto: Eduardo Jacinto Torres, 24 de febrero de 2016).

LA IMAGEN DEL AYER

Foto: El 6 de diciembre de 1977, Marta Bugnone y Jorge Ayustuy fueron detenidos ilegalmente en su domicilio ubicado en Martín de Gainza 958. Al día de hoy continúan desaparecidos (Foto: gentileza Matías Ayustuy).

06 abril 2016

LOS SUEÑOS...


Con sus vertientes
y cascadas.
Con sus miles de haces que esparcen
multiplican
y devienen…

Los sueños…
como caminos
que confluyen
se amontonan
dispersan
e interpenetran.

Los sueños
como campos
incendiados…
reconstituyéndose
desde
el vientre
de las ansias.


NANCY SLUPSKI

03 abril 2016

EL IMPERIO DE LA SELVA TROPICAL*


La “mata atlántica”, el bosque tropical brasileño próximo a las costas, comienza a talarse para emplear sus maderas en la expansión de Río de Janeiro y San Paulo. Pronto se cortan en tablones las gigantescas araucarias y se las exporta con el nombre de “pino Brasil” para armar en Buenos Aires incontables encofrados de hormigón. A comienzos del siglo XX estos pinares ocupaban cincuenta millones de hectáreas en el estado de Paraná. A fines de la década de 1970 había 641 mil hectáreas con formaciones densas de esta especie, y 2,5 millones con formaciones más clara. (…)
El primero de los “salvadores” modernos del Amazonas fue Henry Ford, quien en 1927 compró un millón de hectáreas en el estado de Pará, junto al río Tapajós. Era un momento de grandes dificultades económicas en el mercado mundial del caucho. La economía norteamericana se apoyaba en la industria automotriz, que necesitaba de neumáticos de caucho. Por lo cual parecía una buena idea hacer una gigantesca plantación de caucho en su misma tierra de origen. (…)
A la distancia sorprende la ignorancia ecológica de quienes intentaron realizar los grandes proyectos en el Amazonas. Por una parte, tenían una ilusión de homogeneidad, que les hacía creer que era lo mismo una parte de la selva que otra. La tierra elegida tenía colinas y suelos arenosos, que dificultaron el uso de maquinarias. (…) Pero además, se realizó el emprendimiento sin tener los mínimos conocimientos sobre la ecología de la selva. Les pareció que si crecían esos árboles inmensos también crecería cualquier otra cosa, con sólo plantarla. Por ejemplo, nadie se preguntó por qué en la tierra de la Hevea brasiliensis (árbol del caucho) no había bosques de Hevea. (…) Sucede, sin embargo, que es más sencillo hacer plantaciones de caucho en Malasia donde este árbol, por ser exótico, no tiene los enemigos naturales que han coevolucionado con él. En Amazonia, en cambio, están todos allí y la defensa natural de la Hevea fue siempre crecer separadamente para evitar las plagas. La ambición llevó a plantar los árboles tan juntos que sus ramas se rozaban. Apenas crecían, los hongos y los insectos destruyeron una plantación tras otra. (…)
En 1941 la Compañía Ford del Brasil tenía 2.723 empleados traba­jando sus plantaciones, En 1945, después de una inversión total del orden de los diez millones de dólares, Henry Ford II vendió sus tierras al gobierno brasileño por quinientos mil dólares. Parte de ellas seguían intactas y otra parte había sido irreversible e inútilmente deforestada.

Antonio Elio Brailovsky

*El texto original fue adaptado al espacio disponible.

30 marzo 2016

LA MUERTE FALSA*

Quería morir. Pero no morirme para tanto, morirme apenitas, por un rato tal vez. Ni vacaciones ni fin de semana en la costa: un descanso determinante con garantía de vuelta, con un regreso fresco, vivito y coleando. Y entonces mentí. Unos días antes me di por muerto en todos los lugares a los que concurría con densa cotidianidad. Escribí cartas firmadas por familiares que ya no veo y no me importan tampoco:

“Lamentablemente Alejandro ya no volverá al trabajo, pues ha muerto ayer por la tarde.
Atte: El tío Julio”

Finiquitado, un fiambre, ilmortochi parla, se finite. Pero como no me ando con chiquitas, la falsa muerte tenía que tener un escenario, una puesta en escena, para que sea falsa pero digna. Después de todo la muerte sólo iba a ser por un rato, y a la vuelta debía volver con la frente en alto, nada de volver con la cabeza gacha después de semejante sacrificio. La soga la colgué del techo y me la pasé por el cuello, flojita (no vaya a ser cosa qué). La visita de La Huesuda no tenía que ser para tanto. Tenía que ser una muerte pequeña, que me permitiera nacer de nuevo pero ya nacido en realidad, una inmediatez, un golpe de muerte que de lugar a la vida (que sería un poco lo que ya tenía pero con el abrazo del descanso eterno). Debajo de mí, la silla del escritorio ya con los clavos que solían rechinar, ajustados. Todo debía darse en las mejores condiciones para el paso a la mejor vida. Dejé sobre la mesa de luz los libros que me hacían ver como un hombre interesante, novelas y cuadernos de historia y por supuesto la cama tendida, por si era necesario que alguien entrase a querer “rescatarme” y se le diera por hablar después con algún amigo o vecino sobre el hombre de la muerte que no fue. Pero eso sí, si alguien quisiera rescatarme, seguro que sería el del “B”, que la semana pasada me había dicho “no, no, el que se muere se muere para siempre Alejandro”, y que no le venga con esas tonterías, que él no podía hacerse cargo. ¿Qué podía saber él sobre mis muertes, sobre los cuerpos que habité desde siempre? Y ajusto el nudo del cuello para ya ir terminando con la cuestión. ¿Acaso no me merecía yo también un descanso? Y salto de la silla que al fin y al cabo no estaba tan ajustada, y muero después de una lucha de puro instinto, y pienso, me imagino mientras tanto, en qué cuerpo me tocará nacer esta vez.
QUIMEY FIGUEROA
* Extraído del libro “De mentiras y verdades”

25 marzo 2016

NUESTRA IDENTIDAD


A muchos de los que nacimos a fines de los años setenta nos rondó alguna vez por la cabeza la cuestión de la identidad. Y no me refiero sólo al contexto que nos tocó vivir al nacer y su potencial influencia en los hechos posteriores de nuestra existencia. Todas las generaciones acarrean diversas marcas de origen y conviven con ellas hasta el final de sus días. Pero la nuestra surge de otra que fue diezmada, y luego demonizada o banalizada según quien narrara. Que entregó a varios de los mejores artistas, políticos, pensadores y sindicalistas del siglo XX argentino. Y que fue robada en lo más preciado que todos tenemos, que son los hijos. Los cuales vivieron una vida diferente a la que hubiesen vivido bajo la tutela de sus padres.
La posibilidad de no ser quien se cree ser voló por la cabeza de muchos de quienes estamos por llegar a los cuarenta. Consuma el crimen más perverso de los represores: aplacar la voluntad de los hijos de los jóvenes de los setenta. Luego la sociedad de mercado siguió en la misma senda, y logró que el deseo de comprar modele el espíritu de miles de personas.

A cuatro décadas de la irrupción de la Dictadura de la desaparición de personas y de la apropiación de niños, debemos recuperar las utopías que nos permitan soñar con cambiar la sociedad injusta que nos toca vivir. Sólo de esa forma podremos construir una nueva identidad, necesariamente transgeneracional, que nos lleve a ser mejores cada día.