16 septiembre 2016

LA IMAGEN DE HOY

Esta famosa casa de Valle y Del Barco Centenera supo ambientar las famosas telenovelas de Alberto Migré (Foto: Eduardo Jacinto Torres, 20 de julio de 2016).

LA IMAGEN DE AYER

Vista de la antigua casa ubicada en Del Barco Centenera y Valle, una de las más pintorescas del denominado "Barrio inglés" de Caballito (Foto: "La ciudad se transforma. Labor realizada por la Intendencia Noel", 28 de diciembre de 1923).

28 agosto 2016

LA FORMACIÓN DE LOS BARRIOS GRINGOS


La nueva generación de barrios porteños, iniciada en las últimas décadas del siglo XIX, llevó la impronta de los inmigrantes. La formación de los “barrios gringos” extendió la ciudad más allá de los límites del antiguo municipio porteño que se prolongaba hasta el Maldonado al norte, la actual calle Boedo al oeste y el Riachuelo al sur. Este proceso dejó como resultado un universo en el que junto a los antiguos barrios coloniales surgieron los nuevos, bautizados, no ya como las parroquias, sino por el lugar (La Boca), por su fundador (Soldati, o Villa Crespo), en homenaje a una figura histórica (Villa Urquiza) o por una referencia que aludía a un lugar (Caballito).
La red tranviaria (sobre todo después de 1900, cuando fue electrificada) resultó decisiva para la expansión hacia los suburbios. La nueva movilidad facilitó la formación de los nuevos barrios a quienes lograron salir de los conventillos céntricos y no podían aspirar a vivir en una mansión o chalet. A fines de la primera década del siglo, las áreas edificadas se extendieron a cuatro u ocho cuadras a ambos lados de las vías del tranvía y alcanzaron los límites de la Capital Federal. Los tranvías consolidaron la expansión hacia el oeste, que llegó a Floresta, a Nueva Chicago y a la recién urbanizada zona de Villa Santa Rita y Villa General Mitre. Más allá de Chacarita, impulsaron Villa Crespo, Villa Malcolm y Villa Alvear. A lo largo de las nuevas líneas de tranvías crecieron Villa Ortúzar, Villa Mazzini y Villa Modelo. En estos barrios se asentaron los dependientes de comercio y los obreros especializados.
La red ferroviaria también aportó lo suyo. Los trenes llevaron la urbanización más allá de Flores, a Floresta y Liniers; más allá de Chacarita, a Villa Devoto, Villa del Parque y Villa Catalina (Urquiza), y más allá de Belgrano, a Coghlan, Saavedra y Núñez. Poco antes de la 1ª Guerra Mundial, los sectores más pudientes se radicaron cerca de las respectivas estaciones, mientras que los sectores más pobres se asentaban a varias cuadras, sobre calles de tierra y sin alumbrado.


Fuente: “Buenos Aires. Historia de una ciudad. Tomo I” (M. Rapoport y M. Seoane).

10 agosto 2016

INSTRUCCIONES PARA INCENDIAR UNA CIUDAD

Foto: E.J.T.
Ama a tu ciudad como si fuera tu sangre
pero no temas
a los cuchillos de las esquinas
porque inevitablemente
sabrán llegar
 a tu carne
ama con rabia a sus habitantes
describe sus movimientos
utiliza tu libreta de notas como atizador
lleva un catastro
de todos los desastres cotidianos
que veas al pasar
comprende que la soledad y el dolor
también se reflejan en las vitrinas
sus luces encandilan
al igual que el brillo
que provocan los pisos encerados
de los supermercados.
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No veo revoluciones en las miradas de los pasajeros de este bus
veo democracias tan partidas como la mano de los obreros
que acumulan rabia en las botellas para beberlas en los asientos traseros
veo miradas tan largas como número de cuotas bancarias
dejando en las ventanillas el vaho de los bailes interrumpidos.

Entre tanta libertad (de los mercados o lo que fuera)
quedamos cada vez más presos, como perfecta compaginación
de un libro que se quema
a sí mismo.     


Jorge Luis Navarro Honores

03 agosto 2016

JUEGOS Y TRAVESURAS*

Foto: www.japochan.files.wordpress.com
Los frondosos paraísos de la calle Arengreen atisbaban desde sus copas, tal vez con una sonrisa indulgente, los juegos y travesuras de los purretes de mi infancia.
Como en un calidoscopio van pasando ante mi vista el corpulento ejemplar frente a mi puerta de calle, allí a su vera llegaba mágicamente el tiempo de las bolitas, donde nos disputábamos al hoyo y a la quema las coloridas esferas. En esa vereda de espaldas a la calle, tirábamos contra la pared las célebres figuritas Starosta, con las figuras de los próceres futboleros de la época: ganaba el que conseguía el mejor “arrime”.
Allí mismo marcábamos con tiza las baldosas para demostrar nuestra agilidad y destreza con la “rayuela”. Con los vientos de primavera venía el tiempo de los barriletes. Se llenaban los potreros desde Felipe Vallese y Acoyte hasta Avellaneda, con padres y niños a lucir los multicolores cometas su carnaval en el cielo. Se acostumbraba atar una “yilet” en la cola del barrilete con el mítico propósito de derribar al del vecino. Llegaba el entachuelado balero objeto de innumerables contiendas. Ganaba el que lo embocaba la mayor cantidad de veces sin fallar. Jugábamos al “Indio”, violento y fortificante.
En la ochava de Virasoro y Arengreen se juntaban los niños en una acera. Sobre la calle, y tratando de impedir el cruce a la otra, estaba el “Indio”. A medida que se intentaba el pase, éste capturaba a los que podía, que se convertían en sus lugartenientes. El juego concluía cuando no quedaba nadie por atrapar... (...) terminábamos cansados y magullados pero felices.
Eran épicas las fogatas de San Pedro y San Pablo, con antelación a la fecha requisábamos el barrio todo el material combustible, muebles en desuso, cajones, palos, ramas, etc. Todo apilado en la tradicional ochava, prendíamos la enorme fogata y luego en sus brasas cocinábamos papas y batatas, en algunos casos nos excedíamos y algún vecino alarmado llamaba a la comisaría, los vigilantes (como se decía en esa época) derribaban la pira y provocaban nuestro desbande.
Venía el Carnaval, con las caras pintadas al carbón, pantalones en jirones, bonetes, tapas de cacerolas y cornetas emprendíamos la tournée por la calle Hidalgo en dirección a Primera Junta, por el camino hacíamos paradas en casas de conocidos donde cantábamos los estribillos. Comensábamos con el remanido: “Esta murga se formó” con diversas variantes, algunas subidas de tono y como broche de oro, con muchos años de antelación a la hoy novedosa educación sexual, entre titubeos y sonrojos entonábamos nuestra “pie en force”: “Todas las mujeres tienen debajo del delantal un soldado bigotudo y el escudo nacional”.

PABLO BUJ

*Texto incluido en su obra “Era mi barrio Caballito”

26 julio 2016

UN ESPACIO COMÚN CON UNA IDENTIDAD PARTICULAR


La Plaza Lezica, de más de setenta años, también conocida como Parque Rivadavia por hallarse sobre la avenida de igual nombre, constituía, en un pasado remoto, el terreno posterior de la quinta de la familia Lezica, y de ahí su nombre. El Colegio Normal Nº 4, que se ubica en el extremo oeste del parque, se corresponde con la casa de Ambrosio Plácido Lezica, conservando gran parte de su infraestructura.
A unos pocos metros de donde actualmente se erigen firmes Simón Bolívar y su caballo, bajo un blanco Arco del Triunfo, se levanta una pequeña construcción del siglo XIX: La Noria. Hay que destacar también que en este espacio verde, Ambrosio P. Lezica plantó uno de los primeros eucaliptus que ingresaron al país.
Al Parque Rivadavia también se lo conoce como el “Parque de los Enamorados” y por haber transitado por él, más de una vez, el literato Conrado Nalé Roxlo, quien solía encontrarse en él con sus amigos escritores. Aquella figura solía vivir frente al parque.
Otro modo peculiar en que es conocido el parque es el de “Quinta de los Fantasmas”. Se dice (nunca se ha corroborado) que de noche transita el fantasma sin cabeza de una lavandera que murió allí luego de ser asesinada (decapitada).
Dicen también que cuando se oculta, se pueden oír quejas de “cristianos a punto de ser degollados”.


(Edición Nº 2: febrero de 2005)

20 julio 2016

RECUERDOS DE NIÑEZ

Niños jugando en el club Premier (circa 1950, gentileza C. P.)
- “Cuando esta era una zona de petit- hoteles y Rivadavia estaba adoquinada, recuerdo que jugaba a la pelota con los chicos del barrio. Por allí pasaba el tranvía y tocaba su bocina cada vez que la pelota se nos iba a las vías”. Rosa (66) de Rivadavia y Otamendi.
(Edición Nº 1: diciembre de 2004)
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- “Los chicos jugaban en el Parque Rivadavia, donde comían peras, manzanas y nueces de los árboles de la antigua quinta de los Lezica. Después desmontaron un poco, porque se juntaban muchas ratas”. Beatríz (89) nos cuenta lo que hacían los niños de la década del cincuenta.
(Edición Nº 3: marzo de 2005)
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- “Recuerdo una casa que quedaba en Acoyte al 200, con un jardín hermoso al frente. Pasaba todos los días por ahí, cuando llevaba a mi hija al colegio. A ella también le gustaba esa casa, especialmente porque en aquel jardín había una réplica de la Venus de Milo que se ve que le llamaba la atención”. Angélica (84) de Hidalgo y Avellaneda.

(Edición Nº 1: diciembre de 2004)

10 abril 2016

EL MARTIRIO DE GIORDANO BRUNO


Giordano Bruno, nacido en Nola en 1548, ingresó muy joven en la Orden dominicana, movido por una profunda vocación religiosa. Sin embargo, sus nuevas teorías contra la concepción cosmológica aristotélica, pronto le ocasionaron serios inconvenientes con las autoridades de la diócesis. Durante el adoctrinamiento rechazó las imágenes de santos y aceptó únicamente el crucifijo. En 1566 se le inició un proceso por sospechas de herejía que no prospero. En 1575 recibió el título de Doctor en Teología de la Orden, pero al poco tiempo fue acusado de desviarse en la doctrina religiosa y tuvo que abandonar la orden. Huyó a Roma y después viajó por Italia y Francia, hasta llegar a Ginebra, donde abandonó los hábitos. Vivió un tiempo en Oxford, donde escribió la mayoría de sus diálogos italianos, y Alemania, donde compuso sus poemas latinos. Giovanni Mocenigo, supuesto mecenas, lo denuncia a la Inquisición. Fue trasladado a Roma en calidad de detenido, procesado y condenado a siete años en la cárcel. Se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo. Hubo varios intentos para lograr que se retracte de sus teorías filosóficas a lo que se negó terminantemente. Al contrario, Giordano Bruno decidió reafirmar sus conceptos. En un nuevo juicio fue sentenciado a la pena capital. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública. Antes de que fuera quemado uno de los monjes que lo acompañaron le ofreció un crucifijo para besarlo pero Bruno lo rechazó, diciendo que moriría como un mártir y que su alma subiría con el fuego al paraíso. Luego de la sentencia del Papa Clemente VIII, fue quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.

ALEZ SZARAZGAT

LA IMAGEN DE HOY

Foto: Esta es la entrada de la casa de Martín de Gainza 958, lugar donde fueron secuestrados Marta Elsa Bugnone y Jorge Ayastuy en 1977. Actualmente, su hijo Matías busca a su hermano o hermana nacido/a en cautiverio (Foto: Eduardo Jacinto Torres, 24 de febrero de 2016).

LA IMAGEN DEL AYER

Foto: El 6 de diciembre de 1977, Marta Bugnone y Jorge Ayustuy fueron detenidos ilegalmente en su domicilio ubicado en Martín de Gainza 958. Al día de hoy continúan desaparecidos (Foto: gentileza Matías Ayustuy).

06 abril 2016

LOS SUEÑOS...


Con sus vertientes
y cascadas.
Con sus miles de haces que esparcen
multiplican
y devienen…

Los sueños…
como caminos
que confluyen
se amontonan
dispersan
e interpenetran.

Los sueños
como campos
incendiados…
reconstituyéndose
desde
el vientre
de las ansias.


NANCY SLUPSKI