04 noviembre 2018

LA IMAGEN DE HOY

Un paseo por la calle Antonino M. Ferrari del "Barrio Inglés" le permite al transeúnte presentir los ecos de los años que quedaron atrás (Foto: Eduardo Jacinto Torres, 28 de agosto de 2018)

LA IMAGEN DE AYER

El denominado "Barrio Inglés" de Caballito fue desde siempre un remanso dentro del constante movimiento que propone la Buenos Aires moderna (Foto: "La Ciudad se transforma. Labor realizada por la Intendencia Noel", 28/12/1923).

14 octubre 2018

LA CORPOLOGÍA


No es la ideología el mejor camino para cambiar el mundo, sino la corpología, donde la ideología es una parte, una buena señal de cambio, pero que con la primera debemos garantizar comportamientos, acciones de construcción de comunidad todo el tiempo.
Capitalismo es muerte. La cultura es viva y es comunitaria. Debemos reapropiarnos lo que es nuestro. Basta de tragarnos tragarnos el lenguaje del despojo.
Así se descoloniza nuestro cotidiano, cuando trabajamos con aquello que somete nuestro cuerpo a una rutina de su destrucción.
Buscamos acciones para que el sentir y el pensar sean entrenados, vuelvan a renacer, a ser. Indudablemente que desde la creación de nuevos cuerpos, se debe ser feminista, ambientalistas, indigenistas, de izquierda, etc.
Pero sobre todo militantes de la vida, de la restauración de la comunidad, una convivencia que busque, construya, espacios de bienestar colectivo.
El cuerpo también es sueño. Somos lo que soñamos.

IVÁN NOGALES

06 octubre 2018

EL BARRIO, UNA PEQUEÑA CIUDAD


Los antiguos límites del barrio se fueron fijando, en su mayor parte por accidentes naturales. Al este el zanjón que corría por las actuales calles Muñíz y Yatay, que en los días de lluvia recogía el agua del declive que se producía desde las actuales Castro Barros y Medrano. Al norte, el arroyo Maldonado y el camino de San Martín. Al oeste, el límite del pueblo de San José de Flores (actuales Curapaligüe y Tte. Gral. Donato Álvarez), y al sur los bañados del Riachuelo.
Con mínimas modificaciones adoptadas por el uso y las costumbres, esto se mantuvo hasta que la ordenanza municipal 23698/68, modificada por la ordenanza 26607/72, fijó en 46 los barrios porteños*, fijando a Caballito (que perdió la contracción “del” de su nombre) los siguientes límites: Río de Janeiro, Av. Rivadavia, Av. La Plata, Av. Directorio, Curapaligüe, Av. Tte. Gral. Donato Álvarez, Av. Juan B. Justo, Av. San Martín y Av. Ángel Gallardo.
El sector sur del que fue despojado el Caballito, se convirtió en el barrio de Parque Chacabuco, a pesar de que sus antiguos pobladores aún aseveran que viven en Caballito.
Según el arquitecto José María Peña, Buenos Aires, como todas las ciudades, tiene su intimidad, que debemos descubrir a diario. Debemos detenernos por lo menos una vez al día para conocerlas. Y, a ello contribuiremos, por ejemplo, haciendo oir sus ruidos, percibir sus olores, distinguir sus colores.
El barrio es una pequeña ciudad, una institución con sus propias creencias y rituales. A la vez, el barrio es una pequeña urbe, un territorio construido. Por ello, comprender un barrio representa comprender sus poemas y su suelo, sus historias y su plano. Se trata, en otras palabras, de una cultura y de su “lugar en el mundo”.
*Actualmente existen 48 barrios, al incorporarse como tales Puerto Madero en 1996 y Parque Chas en 2005.
Fuente: “El barrio de la veleta. Historia de Caballito” (Osvaldo Sidoli).
             “Historia de los barrios de Buenos Aires” (Vicente Cutolo)

30 septiembre 2018

LA PULPO


La pelota se volvía eterna en el cielo. Recuerdo que había un segundo que desaparecía por el reflejo del sol que impactaba sobre el esférico. Mi objetivo era no perderla de vista durante su trayecto en el aire. Tenía que tener bien en claro su caída para entrarle de lleno. Durante el día practicaba con diferentes elementos que mantenían un peso similar al balón. A veces, hasta recurría a la simple ilusión e imaginaba los más bellos desenlaces.
El sol se iba apagando y la arena fresca me daban el indicio que el instante se acercaba. Yo me sentaba en la orilla mirando para ambos lados deseando con ansiedad que aparezca esa hipnótica pelota pulpo. En esa espera sólo me quedaba hacer garabatos en la arena para parecer indiferente al momento.
Había días que la desilusión se llevaba la tarde. Pero ese día no iba a ser el caso. Pedro y su padre se hicieron presentes en el falso campo de juego con la deseada “rebotera”. La pulpo se ganó ese apodo gracias al plástico que recubría la cámara de la pelota y producía que picara de manera descontrolada haciéndose difícil para los arqueros.
Detrás de la llegada de Pedro y su padre (los eternos rivales) se hacía presente mi padre y co-equiper. Nuestro historial se traducía en catorce derrotas consecutivas y cerro victorias a favor. El cabeza se jugaba arrodillados en la arena y consistía en pasarle con la mano la pelota a tu dupla para que cabeceara intentando batir el arco contrario. Los arcos se armaban con montoncitos de arena a una distancia relativamente cercana. El partido era a sólo tres goles por eso la concentración debía ser máxima.
Yo sentía que ese era nuestro día, la confianza me invadía, por eso en la primera pelota que me pasó mi viejo le metí un frentazo a la pulpo que se le hizo imposible detener a Pedro. Con mi viejo cruzamos mirada y entendimos que teníamos que cortar la racha. Zafamos jugadas complicadas, atajando pelotas difíciles e incontrolables. Al siguiente ataque nuestro, lo vi a mi viejo estirarse en lo alto como nunca antes en su vida y colocó un cabezazo que se escurrió entre las manos del padre de Pedro. ¡Era el primer gol que le veía hacer en su historia! Creo que la emoción y el impacto por el instante sucedido provocó una desconcentración en la dupla que nos llevó finalmente a perder el partido por 3 a 2.
Pedro y su padre se fueron victoriosos una vez más adjudicándose su decimoquinto triunfo. Con mi viejo nos miramos despatarrados en la arena, un poco idos por cómo se nos había escapado un partido que en nuestro sentimiento lo teníamos en el bolsillo. Mientras se volvía a colocar el aparato de fierro en la pierna derecha que le permitía caminar desde los cuatro años, le vi escaparse una sonrisa diferente. Sabía que estaba recordando su mítico gol. Lo ayudé a levantarse, le alcancé el bastón canadiense y nos fuimos caminando muy despacio a casa.
AGUSTÍN MAICAS

23 septiembre 2018

CAMINAR EL BARRIO


La primavera nos regala las ganas de caminar por las calles olvidadas de nuestro barrio. El observador atento puede adivinar texturas, olores, y colores. También accidentes geográficos, como el arroyo que corre por debajo de la calle Del Barco Centenera.
Claro que las ciudades son creaciones de seres humanos, y que su fin es contener a las personas dentro de ellas. Pero ahí está el meollo de la cuestión. Porque el habitar también es una forma de entender a una ciudad, al margen de la opinión de quienes la diseñan.
Quienes vivimos en el espacio urbano tenemos el derecho de decidir cómo queremos que sea nuestro entorno. Es un derecho básico que muchas veces queda olvidado detrás de otras demandas urgentes que, en los hechos, se nutren de aquel. ¿Qué sentido tiene hablar del derecho a la educación, a la salud o a la alimentación, si no contemplamos el continente donde se desarrolla nuestras vidas? El derecho a una vivienda digna, por caso, sobreentiende al menos en las ciudades que las casas estén provistas de los servicios básicos como red cloacal, electricidad, asfalto, etc.
Las ciudades, decíamos, se planifican por diversos motivos, pero son las personas que viven en ellas quienes le imprimen una identidad particular. Y su manera de vivirla es menester que tenga algún canal de expresión.
No es bueno dejar el hábitat urbano en manos de quienes hacen negocios inmobiliarios en Caballito o en Dubai. Los caminadores de barrio tenemos mucho para decir.

18 septiembre 2018

EL CABALLITO*



Retomando ahora el itinerario del crujiente viaje que efectuaban los tranvías a lo largo del “camino de Flores”, después de pasar Villa San Carlos y la pulpería de Basso, ubicada en Rivadavia y avenida La Plata, se entraba en la zona conocida por el nombre de “El caballito”. Poco a poco el paisaje iba cambiando, comenzaban las lujosas casas- quintas, palacetes de cuidadas arboledas y jardines, chalets y pintorescas residenciales cuyos frentes lucían rejas y portones de hierro artísticamente labrados. (...)
Como es de imaginar, las residencias más importantes daban sus frentes al “camino de Flores”; así las de las familias Peña y Lezica, extendidas desde avenida La Plata hasta Centenera, famosas por sus parque y arboledas. La última, bastante cercenada, fue transformada (con el correr del tiempo) en el actual parque Rivadavia, inaugurado oficialmente en el año 1928. Enfrente estaban los terrenos de Guerrico, que (divididos, algunos años más tarde) dieron origen a otras quintas de renombre, entre ellas la de Devoto, adquirida en la época del Centenario por el Club Ciclista Italiano, institución deportiva que dio origen al actual Club Italiano. Más hacia el Oeste se hallaban las pertenecientes a las familias Duportal, Mulhall y Terragona, cuyos fondos lindaban con las vías ferroviarias, entonces a nivel, pues el tramo en trinchera Caballito- Once se construyó entre 1902-04. (...)
Hasta fines del siglo XIX, las familias pudientes utilizaban estas residencias, igual que las ubicadas en los pueblos de Belgrano, San Isidro, Morón o Lomas de Zamora para pasar sus fines de semana y los meses de verano...

*Fuente: “Guía antigua del Oeste porteño” (Hugo Corradi), Bs. As., 1969.

09 septiembre 2018

"TENEMOS QUE MANTENER ESTE ESPACIO..."


La Estación de los Deseos” es un lugar de incubación de actividades artísticas, sociales y culturales. Muchas personas desarrollan allí su laburo, y este año cumplimos 17 años desde que empezamos con la recuperación de este espacio. La Estación queda en Bacacay 1608 (altura Rivadavia al 6200), en un andén acondicionado por los vecinos en la época de las asambleas barriales, allá por 2002 aproximadamente.
Hace unos meses empezamos a participar del Consejo Consultivo de la Comuna 6, y junto a gente de organizaciones sociales empezamos a trabajar para recuperar la parte de afuera, lo que está frente, de la estación. Tenemos unos árboles que hoy se los ve grandes, pero que eran apenas unos plantines hace diez años atrás. Creemos que tenemos que mantener este espacio para el disfrute de todos los vecinos. Esta parte del barrio tiene también mucho de historia y de identidad, y es necesario que la recuperemos.
Desde hace ya un par de meses nos está complicando la vida la instalación del obrador del soterramiento del Sarmiento, a cuarenta metros de donde estamos nosotros. Y de un planteo que hicimos, fuimos mejorando las condiciones porque lo que estaba propuesto era un caos. El proyecto original, por ejemplo, incluía la anulación al tránsito de la calle Bacacay, y la iban a habilitar sólo para la entrada de camiones al obrador, y eso a veinte metros de un paso a nivel... Una locura total que, por suerte, se pudo corregir.
El viernes 31 de agosto a partir de las 19:00 estaremos celebrando el primer año de Estación Ping Pong y también un año de Estación Te Ve, una nueva iniciativa de arte, imagen y comunicación. Los esperamos a todos...

FERNANDO DHAINI
* Extracto de su testimonio vertido en el programa “Voces desde el Pie” el 20/8/18.

02 septiembre 2018

ESCUELA SÍ, TORRES NO

Foto: E.J.T.

El Consejo Consultivo Comunal Nro. 6 sigue manifestándose para que se construya una escuela pública donde funcionó el colegio Santa Rosa, sitio codiciado además por el negocio inmobiliario.


El pasado sábado 1 de septiembre se desarrolló a partir de las 11:00 una jornada de difusión en San Ireneo y Rosario, organizada por el Consejo Consultivo Comunal Nro. 6, correspondiente a nuestro barrio.
El objetivo de la actividad mencionada fue reclamar a las autoridades locales que se construya una escuela en el predio del ex colegio Santa Rosa, ubicado en Rosario 638, donde se pretende construir un edificio.
Pese al frío, una cantidad considerable de personas se convocó para manifestarse junto a representantes de organizaciones vecinales, políticas y sindicales. La propuesta fue dialogar con otros vecinos, juntar firmas y pintar un mural.
La Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) se sumó al reclamo bajo la consigna “Vacantes para todxs”: “con la baja del presupuesto, el macrismo deja afuera de la educación pública a miles de familia (...). Exigimos aumento de la inversión educativa para garantizar vacantes para todxs como lo establece la Constitución de la ciudad” resumieron quienes se acercaron a la jornada.
Por su parte, el Consejo Consultivo Comunal Nro. 6 destaca la necesidad de que el ex colegio Santa Rosa sea una escuela pública. “Quieren construir más torres en Caballito y proyectan para eso demoler las instalaciones de un ex colegio. Las proyectadas edificaciones colapsarían los servicios afectando la calidad de vida de todxs (...). Necesitamos escuelas públicas porque faltan vacantes en Caballito, en especial en nivel inicial y maternal. Y porque las primarias y secundarias necesitan más espacios educativos (...) Presentamos tres proyectos en la Legislatura Porteña para proteger patrimonialmente el edificio y para recuperar el Santa Rosa como escuela pública” sintetizaron desde dicho organismo público que propicia la participación popular en el marco institucional.
 Finalmente, la organización vecinal S.O.S. Caballito manifestó: “La ciudad y el barrio ¿pueden tolerar que un enorme negocio inmobiliario convierta parte de un pasaje tradicional en un desfiladero donde no volverá a dar el sol? La ciudad y el barrio ¿aceptarán que se siga construyendo grandes edificios para comercio y vivienda en una zona donde la densificación edilicia ya ha superado límites admisibles en cuanto a cantidad de habitantes, colapso de tránsito, de servicios esenciales y agrupamiento comercial?
La ciudad y el barrio ¿pueden aceptar que un edificio histórico y de valor patrimonial sea convertido en un “mascarón de proa” de un complejo gigantesco de edificios que lo aplastará por la diferencia de escala entre ambas construcciones?”
Si bien desde la constructora Mecsa, empresa detrás del proyecto de edificación, se habla de “mantener el espíritu de barrio”, los vecinos que se convocaron frente al ex Santa Rosa se preguntaban si es lógico perder un edificio escolar a cambio de un negocio inmobiliario.
La convocatorio tuvo buena recepción entre los vecinos que pasaban por el lugar, lo cual puso de manifiesto lo que opina la mayoría de los habitantes de la zona. La nota negativa de la jornada la pusieron cuatro oficiales de la policía de la Ciudad, quienes pretendieron labrarle un acta de contravención a un vecino por pintar la leyenda “Escuela sí, torres no”. De todos modos, se impuso la sentatez, y la actividad cerró sin inconvenientes, claro que con los vecinos en estado de alerta y movilización.

25 agosto 2018

LAS FOGATAS POPULARES DE ANTAÑO

Foto: www.conexion2000.com.ar         

Ricardo (n. 1954) nos contó que “la recuerda como fogata de San Pedro y San Pablo, y que la realizaban en Añasco (actual Nicolás Repetto) y Aranguren. Se empezaba los primeros días de junio a recorrer las casas del vecindario para buscar el material a quemar. Elegían las casas, que tuvieran más fondo, para acopiar, eran pilas de porquería, que daba el vecindario. Conseguían materiales que le proveían un depósito de vidrios (maderas de cajón y pajas) sito en la calle Aranguren. La fogata tomaba a veces dimensiones desusadas, que ponían en peligro los cables y también se desprendían los pedazos de granito del cordón. El punto final era cuando aparecía la policía y todos se sentaban y nadie había sido el organizador de la fiesta. La convocatoria era de los vecinos y la fogata se encendía a las 8 de la noche. Todos deseaban que ese día no lloviera, que estuviera nublado o con frío no importaba. El día de la quema, empezaban a montarla a las 2 de la tarde (los chicos que iban de mañana a la escuela) y a las 5 se plegaban los de la tarde. Les preocupaba que fuera alta, tenía que ser bien alta. Otra fogata se realizaba en la calle Canalejas (actual Felipe Vallese) y Colpayo detrás de la panificación argentina. Las brasas finales se daban a las 10 u 11 de la noche, comían no sólo batatas sino también chorizos. Hacían muñecos que coronaban la fogata, pero no recuerda que los llamaran judas. La hacían por tradición, porque les gustaba el fuego. La dejaron de hacer por la edad y porque en la calle hubo cada vez más tráfico”.
En los años sesenta esta costumbre popular comenzó a declinar. Los cambios urbanos debilitaron progresivamente los tradicionales lazos barriales sobre los cuales se sustentaba. Pero las fogatas dejaron de practicarse no sólo por cuestiones edilicias sino fundamentalmente por razones políticas y sociales.*
*Fuente: “Las fogatas de San Juan y de San Pedro y San Pablo” (Miguel Ruffo), en “Historia de Buenos Aires. Aportes del VIII Congreso de Historia de la Ciudad”, Junta Central de Estudios históricos de la ciudad de Buenos Aires.
                                                     

19 agosto 2018

LA IMAGEN DE HOY

Los trenes que salen desde Once efectúan un cruce de vías abrupto al llegar a la estación "Caballito", lo cual provoca serios accidentes (Foto: María del Pilar Loffredo, 27 de junio de 2018).

LA IMAGEN DEL AYER

Vista de las vías del viejo F.C.O. desde la calle Rojas, en dirección a Río de Janeiro. La obra del soterramiento del primer tramo del recorrido había comenzado el 1 de mayo de 1902 (Foto: Publicada en "Caras y Caretas" Nro. 227 el 7/02/1903)

03 agosto 2018

FALLECIÓ EL MAESTRO EDUARDO MAICAS


Ayer falleció nuestro compañero, el maestro de dibujantes Eduardo Maicas.
Entrañable amigo de la familia que está detrás de esta publicación, nos ofreció generosamente su laburo durante diez años, siendo él un humorista y guionista consagrado de los medios. 
En sus más de cuatro décadas de trabajo, se destacó en distintos medios gráficos como “Satiricón”, “Tía Vicenta”, “Humor”, “Fierro”, “El Gráfico”, “Billiken” y “Genios”. También supo recitar sus poemas “al estilo de Gagliardi” en radio, y co conducir el ciclo “¡Plop! Caete de Risa” por canal Encuentro. Incluso supo darle lugar a la docencia, ya que daba clases de dibujo en la librería Alfa de nuestro barrio.
El 27 de mayo de 2016 fue distinguido como “Personalidad Destacada de la Cultura” por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ese día dijo:
“Allá en el año 56, cuando había caído el gobierno peronista, yo empezaba la primaria. Y aunque les parezca mentira, por mi problema de la pierna no me dejaban ir a un colegio del Estado que estaba a cuatro cuadras. Mi mamá me tenía que llevar a Núñez: hora y media de viaje. Y como yo era chico, caminaba todavía más lento que ahora y a veces mi vieja me tenía que llevar en brazos. Así que de no dejarme entrar a un colegio del Estado a declararme Personalidad de la Cultura, la verdad es que es un paso muy grande”.
Amante del barrio de Floresta, donde ensayó sus primeros dibujos, pero también de Caballito, donde formó su familia junta a su compañera Adriana y sus tres hijos varones.
Hincha furibundo de Independiente, buena persona, apasionado de su oficio...
Despedimos a un gran tipo: querido Eduardo Maicas, q.e.p.d.

29 julio 2018

“NUESTRA CRÍTICA SE FUNDA EN CUESTIONES SANITARIAS”



La Coordinadora de Pacientes del Hospital de Oncología Marie Curie, Magalí Velasquez, nos explica por qué se opone al traslado de la institución que funciona en el Parque Centenario. 
El Gobierno de la Ciudad impulsa la creación del “Complejo Hospitalario Sur”, un polo sanitario que se pretende instalar en el predio que actualmente ocupa el Hospital Muñíz, institución especializada en enfermedades infecciosas. De concretarse la iniciativa, congregaría también allí a otros cuatro hospitales: el Udaondo de gastroenterología, el María Ferrer de rehabilitación respiratoria, el Instituto de Rehabilitación Psicofísica (IREP), y el de oncología Marie Curie, que funciona en nuestro barrio. Pero el pretexto de maximizar recursos esconde un gigantesco negocio inmobiliario, ya que el proyecto contempla una posible venta de los inmuebles de los hospitales trasladados, y un perjuicio sanitario enorme, al mezclar el tratamiento de distintas patologías en un solo lugar.
Para saber más de este proyecto y sus posibles consecuencias, hablamos con la Coordinadora de Pacientes del Hospital de Oncología Marie Curie, Magalí Velasquez, quien además supo tratarse una enfermedad durante los años 1998 y 1999 en la institución ubicada en el Parque Centenario.
- ¿Por qué le dicen “No al traslado” del Marie Curie?
- Porque nuestra crítica se funda en cuestiones sanitarias. El proyecto aglutina a cinco hospitales en un Polo de alta complejidad. Y allí quieren mezclar patologías totalmente incompatibles: juntás pacientes inmuno-depresivos como los oncológicos, con gente que padece de sus vías respiratorias, o infecto- contagiosos, todos en un mismo lugar. De todos modos, si bien el proyecto existe y la notificación llegó al hospital, aún no ha pasado por la Legislatura.
- ¿Existen problemas edilicios que impidan el funcionamiento del hospital?
- Pese a que digan que la aparatología que ellos quieren poner no la pueden instalar acá, tenemos lugar de sobra. Por ejemplo, hay dos cocinas viejas que están sin uso. Y se podría ampliar también para el lado del estacionamiento. Es decir que a nivel edilicio está muy bien el hospital.
- ¿Qué van a hacer con los terrenos que quedarían libres de llegarse a concretar el traslado?
- Según ellos no los venderían, pero en el proyecto ya están tasados y todo. De ahí en más, no te dan una respuesta concreta acerca del uso posterior de esos lugares. No te garantizan siquiera que le vayan a dar un uso vinculado a la salud. En el actual Muñíz dejarían solamente la parte pediátrica. Se tirarían abajo unos pabellones, y se haría un nuevo edificio para contener a todos los hospitales. Que tendría capacidad para 520 camas, cuando hoy sólo el Marie Curie tiene más de 150 camas. Además dicen que cada hospital que se traslade va a tener un sector especial. Pero en realidad se van a compartir las partes de internación, quirófano, laboratorio y mesas de turno. Lo cual va a provocar una reducción del personal en todos los aspectos, y si eso sucede el paciente también pierde.
- ¿Cuánta gente se está tratando en el Marie Curie?
- Por año están pasando por acá nueve mil personas, y están tratando de reducir ese número.  El primer lunes de cada mes se llena el hospital, porque entregan los turnos. La mayoría se vuelve a su casa sin número. Y todo eso baja estadística, lo cual a su vez justifica recortes y el eventual traslado. Si nos dijeran que van a hacer un hospital nuevo sólo oncológico, nos vamos cerrando los ojos. Pero con este proyecto pasamos a formar parte de un hospital general.
- ¿Qué opinan de todo esto los pacientes del hospital?
- Por las tareas que cumplo, vengo a toda hora al hospital. Y te aseguro que el paciente se vincula con su hospital no sólo por su salud, sino también por la parte afectiva. Hay muchas historias de vida… Los pacientes no quieren el traslado. Con el sólo hecho de pensar de que se van a mezclar patologías, psicológicamente les afecta mucho.
- ¿Qué acciones están llevando a cabo para manifestar su rechazo al proyecto?
- Hacemos volanteadas, juntamos firmas, y vamos a empezar a ir a la peatonal Florida. Tenemos el apoyo sindical de los trabajadores del hospital y el de la mayoría de las asociaciones de médicos. Estamos viendo de hacer un nuevo abrazo al hospital, o una marcha. El petitorio que estamos circulando es por el “No al traslado y el No al desabastecimiento del hospital”, porque se viene pidiendo aparatología para el hospital y te dicen que no hay dinero. Por ejemplo, el centellograma hace años que no funciona. Ese aparato sirve para ver cómo están los huesos, y la quimioterapia y los rayos provocan su descalcificación. Hoy ese estudio te lo tenés que hacer en otro hospital, o por privado que es carísimo. Siendo que acá está el aparato. Y esto también lo hacen para bajar las estadísticas. Por ejemplo, en patología mamaría están dando sólo diez turnos por mes. Y cada tanto se abre historias clínicas nuevas. Hace años que no hay oxígeno central, también se viene reclamando eso… Sólo pedimos que el hospital funcione como corresponde. Por eso le decimos al vecino que se informe, que investigue lo que es mezclar patologías. Y que nos ayude a difundir nuestro reclamo, porque necesitamos el apoyo de todos.



24 julio 2018

EL SUTIL ENCANTO DE UN VIEJO PASAJE


Vista del Pasaje Bernasconi en 1977 (Foto: “Guía cultural de Buenos Aires” Nº 85 -junio de 1977-).

En las ciudades modernas reina la circulación de bienes y personas. Este movimiento constante moldea silenciosamente el hábitat urbano y hasta nuestra propia personalidad. Pero a diferencia de las avenidas y calles transitadas sin pausa, los pasajes permiten entrever el territorio sepultado bajo el asfalto. Cuentan los queridos viejos del barrio que el pasaje Bernasconi era uno de esos sitios donde La Pampa bonaerense mostraba algo de su encanto oculto.
El pasaje Bernasconi era una arteria no oficial que nacía en Rivadavia 4893, entre Campichuelo y Florencio Balcarce. Y si bien no tenía salida, presentaba un acceso lateral a la calle Yerbal. Lo había mandado a construir José Bernasconi en 1905, quien dos años antes había comprado un palacete frente al Parque Rivadavia. Su propósito fue permitir el acceso a las primeras casas de departamentos del barrio, edificadas hacia el lado norte de su propiedad, casi sobre Yerbal. Un paseo imaginario por este pasaje, llamado popularmente “alemán” debido a la nacionalidad de muchos de quienes vivían en las casas mencionadas, nos permite ver unas fachadas que muestran los rigores del tiempo. Algunas viviendas poseen pequeños jardines con alambrados cubiertos de trepadoras. Otras, estrechas puertas de hierro a través de las cuales se observa la empinada escalera que conduce al primer piso. Continuamos avanzando y, ahora por la izquierda, desembocamos a la calle Yerbal, que termina en fondo de saco luego de subir tres peldaños. Sin embargo, el pasaje que mentamos continúa unos metros más hasta un viejo alambrado cubierto por una enredadera, que lo separaba de la trinchera del ferrocarril.
Un muro de color rosado patinado separaba el pasaje de la mansión de Bernasconi, que había sido habitada por Julio A. Roca cuando ésta pertenecía a G. Heinz Clausen. Allí se frustró en 1881 la primera comunicación telefónica en el país, y tuvo su sede la farmacia social de la Unión Obreros y Empleados Municipales hasta que la casa fue demolida en 1958. Entonces también desaparecieron las dos primeras edificaciones del pasaje, una de las cuales la ocupaba una biblioteca pública, y la otra (en el piso alto) había sido habitada por el pintor Antonio Berni. Con ellas se perdió el indicador metálico que colgaba de la fachada del primer edificio, y sobre cuya superficie se escribía la numeración de las casas y el apellido de sus respectivos habitantes. Ese vacío prohijó un descampado agreste al comienzo del pasaje, donde crecían los matorrales bajo un coro de cigarras. Pero al seguir por la acera angosta se volvían a divisar las casas de techos inclinados a dos aguas, desde donde descendían las antiguas canaletas de desagüe. Finalmente, en 1978 la demolición de las casas que aún quedaban en pie hirió de muerte al pasaje Bernasconi, que dejó de existir en mayo de 1981. Atrás quedaron algunos de esos colores, olores y sonidos que les dan identidad a las barriadas como la nuestra. De todos modos, tenemos el recuerdo que nos transmiten nuestros mayores, y la tarea de descubrir este tipo de espacios singulares en el Caballito de hoy.

Fuente:
-“Los ignorados pasajes de Buenos Aires” (Eduardo Luís Balbachán).
-“Guía cultural de Buenos Aires” Nº 85 (junio de 1977).
- “El barrio de la veleta. Historia del Caballito” (Osvaldo C. Sidoli).
-“La amistad de algunos barrios” (Ricardo M. Llanes).
-Revista “Caballito Regalado” Nº 13 (marzo de 2006).