21 octubre 2015

EL BARRIO



El actual habitante de Caballito difícilmente podrá imaginarse la topografía, usos y costumbres que imperaban en las décadas del ´30 y ´40. Las calles empedradas con los adoquines confeccionados por los presos del penal de Sierra Chica soportaban las llantas de los numerosos carruajes. Por el frente de mi casa pasaban veloces tropillas de caballos arreados por diestros jinetes, quienes se sumergían por el amplio portón del corralón administrado por el vasco Etchepareborda (Hidaldo y Arengreen), donde eran rematados como medio de tracción para los carros de la época. Las casas en su mayoría tenían el mismo formato, por una mano y hasta el fondo una construcción rectangular dividida por habitaciones que daban a un patio común, con una galería a lo largo. (...)
Caballito en esa época tenía resabios camperos, desde la calle Canalejas (hoy Felipe Vallese) hasta Avellaneda se extendían los potreros, cuyos costados eran Acoyte y Ambrosetti. Aunque hoy cueste creerlo, en el lote que formaban Felipe Vallese, Acoyte, Ambrosetti y Aranguren, como último girón de la pampa, se alzaba un copudo ombú, que hacía sombra a un rancho con techo de paja, se me hace que tenía un aljibe pero no lo puedo afirmar con certeza. (...) A continuación se extendían yuyales, matizados con canchas futboleras. Crecían allí los llamados “huevitos de gallos”, hoy poco conocidos pero en esa época con potreros, de consumo popular entre la porretada. En los meses de estío aparecían las mariposas que en nubes multicolores llenaban esos baldíos...
PABLO BUJ
*Extraído de su libro “Era mi barrio Caballito”. 

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