16 abril 2015

LA MIRADA DEL CÓNDOR*


(Al Ejército de Los Andes)

¿Adónde van? ¿Qué locura los convoca a esta aventura? Escalan la piedra, peldaño a peldaño, para penetrar en el vientre silencioso de la montaña. Vemos con ojos azorados a las nubes y al viento lanzar gélidos vómitos blancos para detener sus pasos. No podemos ahogar las tormentas de granizo que tapan los agujeros del abismo y son trampas mortales para sus míseros cuerpos. Ni podemos romper las rocas que aprietan hasta estrangular sus corazones, que en danza de latidos discordantes harán saltar la sangre como volcán en erupción. ¿Adónde van? Algo más importante que sus propias vidas los habrá empujado a esta locura. Son los mismos que a fuerza del látigo arañaron las montañas para arrancarles la plata. Son los hermanos de los que se ahogaron en los socavones para saciar la codicia de los invasores. Pero acá no hay hombres macerando carne de hombres a latigazos: hoy llevan fusiles, banderas y cañones. Quizá vayan a vengar tanto oprobio. Tal vez falte poco para que el grito libertario transite los desfiladeros, se haga eco en los peñascos y se expanda por todo el continente. Les daremos nuestra ayuda mientras estén en este reino.
Libres somos y libres serán los que transitan estos senderos. Hubo un día, una noche, un instante en el tiempo del universo, en que la tierra se abrió para hacerse madre y dar a luz a sus hijos de piedra. Luego, el viento arrimó a la nube y la apoyó en el vértice del sexo macho de la tierra, para que éste, en alocados estertores, preñe de lava a la nube. Nosotros nacimos de esa unión. Somos sus hijos. Mezcla de basalto y de nube, habitantes legendarios de este reino, cuidadores del sagrado silencio. Abriremos nuestras alas al vuelo para guiarlos en tan noble travesía. Y si el viento no despedaza sus carnes, y el silencio no enloquece sus mentes, y la nieve no congela su sangre y, si a pesar de todo, logran bajar a la tierra, entonces, uniremos ala con ala en el vuelo, y una ronda de cóndores los saludará desde el cielo.

PABLO MARRERO
*Este cuento fue publicado originalmente en el libro “La historia a puro cuento”.

No hay comentarios: