Pese a que el agua puede causar estragos, por ejemplo mediante
inundaciones, nadie cuestiona que sea un elemento útil para el ser humano. Ese
razonamiento, sin embargo, no se traslada automáticamente cuando hablamos de la
tecnología. En lo que a mí respecta, confieso que no puedo ser imparcial: estoy
convencido que la tecnología es una herramienta necesaria para vivir mejor. Y al
igual que el agua, es un elemento útil si es usado correctamente.
Después de haber vivido en Philips Holland la increíble experiencia de
ver el desarrollo del CD (en realidad se trató inicialmente de grabación en
discos ópticos de 12”, luego se opto por un formato mas pequeño de 12 cm, tal
como lo conocemos actualmente) y de haber impulsado su ingreso al país en 1991;
de haber introducido en la década del ´80 las primeras computadoras portables
(antes de la aparición de la IBM PC) con OS CPM; y de haber trabajado en el
primer consorcio de ingeniería local que participo de la construcción de una
central nuclear en nuestro país (Embalse de Río III, 1977), sigo asombrándome
diariamente con los “gadgets” que nos rodean. Aclaro que no quiero decir con
esto que apruebo el cambio al que nos “obligan” los fabricantes de los
dispositivos que usamos a diario cada vez que sale algún modelo nuevo: lo
nuevo hace falta cuando lo que tenemos no funciona como nosotros lo
necesitamos. No antes de eso. No estoy de acuerdo con los que hacen cola
para comprar algo (afortunadamente en nuestro país aún no pasa eso) que no
saben si va a ser bueno o malo, marketing mediante.
Mientras tanto nosotros seguimos desperdiciando las oportunidades de
aprovechar la formación que tienen nuestros profesionales, o de impulsar el
interés que la tecnología despierta en los adolescentes. Produce tristeza ver
cómo nuestra Facultad de Ingeniería (FI) de la UBA sigue inmersa en un largo
letargo de 30 años que le impide atraer a los chicos que terminan la secundaria
en escuelas técnicas. Las carreras técnicas, tan necesarias para el desarrollo
de tecnología nacional, en lugar de tener centros de armado de productos
exentos de impuestos (muchos de los cuales hoy se importan del exterior), no
tienen en la FI la solución a la falta de profesionales de la tecnología. Las
agrupaciones estudiantiles siguen discutiendo si las carreras de la FI deben o
no ser aprobadas por el CONEAU, como lo hacían hace 30 años. Habiendo recibido
una excelente formación en la FI hace años, lamento que hoy no sea el faro que
ilumine el camino de quienes quieren seguir una formación técnica, tan
necesaria para el progreso tecnológico de la Argentina. Dan fe de ello mis dos
hijos estudiando en otra facultad…
ING. ALBERTO MONASTIRSKY
(*) Consultor en Tecnología, Docente de materias Técnicas, Perito
Judicial
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