27 diciembre 2010

Editorial

Se nos va otro año casi sin pedir permiso. El año en que se conmemoró el Bicentenario de la Revolución de Mayo concluye tristemente con represiones y muertes en Constitución, Formosa y Villa Soldati. Sendos conflictos nos hablan (al menos a quienes estamos dispuestos a escuchar) del trabajo precarizado y el derecho a la tierra y vivienda digna, entre otras cosas. Pero también nos ponen cara a cara con uno de los prejuicios de la clase media porteña: el rechazo al diferente. En el país el boom de la soja y del crecimiento a tasas chinas, ningún gobierno (sea municipal, provincial o nacional) puede alegar falta de dinero para honrar la deuda interna hasta hoy sin saldar.
Nuestro barrio se prepara para un 2011 de elecciones. El preciado derecho a elegir a nuestros representantes nos exigirá reflexionar acerca del mejor proyecto político que se ponga a disposición del parecer de los ciudadanos. Sin embargo, existen diversas experiencias políticas a nivel local que también esperan de nuestra participación. Los centros culturales, organizaciones civiles, asambleas barriales, clubes y hasta las instancias que están previstas en la Ley de Comunas, como los consejos consultivos comunales, necesitan que los vecinos nos ocupemos de nuestros intereses comunes.
Deseamos que cada unos de nuestros lectores puedan accionar con alegría en favor del mundo que sueñan. Que se encuentren con su gente querida y vivan la vida con esperanza. Que sus brazos, que alzaron la bandera celeste y blanca en el Bicentenario (y en El Otro Bicentenario), se unan para construir el país que nos debemos. Para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, tal como reza el preámbulo de nuestra Constitución.
Que 2011 nos encuentre mereciendo la vida. Les dejamos un abrazo, con complicidad militante.

10 diciembre 2010

Condenados


Condenados,
Antes de despertar a la terrible condena de la pobreza,
a colgar con ella como propia,
a entenderla como natural.
Condenados,
a sobrevivir entre la nada y el olvido,
la angustia y la injusticia de mirar a los ojos y mirar el dolor,
el dolor del hambre y del frío,
el dolor del golpe y la botella.
Condenados,
a terminar en galpones fríos ,
oscuros,
inolvidables.
A morir en vida detrás de una reja y nunca más volver después de tanto calvario,
nunca más volver sin mirar el odio y el dolor del pasado.
Condenados,
a soportar el maltrato continuo de los que los condenan ,
de los que señalan y no miran ,
de los que disparan sin importarles nada… Absolutamente nada.
Condenados,
a cargar en sus espaldas la enorme piedra del olvido y la soledad,
del dios que nunca escucha,
Del barro eterno y la chapa que congela los piecitos sucios de un pequeño condenado.
Condenado… Terriblemente condenados,
a encontrar la paz… En la oscuridad de la muerte.

Juan Manuel Petitto Tévez

07 diciembre 2010

No al cementerio de autos

En Villa Lugano existe un Cementerio de Autos que contamina a los vecinos del barrio desde hace quince años. Diosnel Pérez, Presidente de la Junta Vecinal de la Villa 20 y militante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), nos explica cómo se formó aquel basural de rezagos de automóviles y cuáles son los perjuicios para la salud de los habitantes de la zona: “El cementerio de autos se formó en 1996 con coches secuestrados por la policía. Hace quince años había más o menos 50 mil autos, ahora habrá unos 10 mil. El tema es que quedó contaminada la tierra…”.
- ¿Qué tipo de contaminación provoca el Cementerio de Autos?
- Mirá, los primeros tiempos no estábamos enterados, pero después supimos que traía cualquier cantidad de problemas de salud. El material de los autos, a medida que se degrada, va contaminando el aire, la tierra y después las napas subterráneas. Los chicos son los más vulnerables, porque por ejemplo el plomo en sangre los enferma. Desde hace un año todo se está complicando aún más porque se mueren criaturas. Nacen prematuramente y, como no tienen bien desarrollado el pulmón y el corazoncito, a la hora se mueren. En otros casos no encuentran la causa de la muerte: sólo paro respiratorio. Los padres le preguntan al médico y no saben qué contestarle. Mi propio hijo adolescente está enfermo y, si bien la vengo peleando hace años, ahora me dije: “hasta acá llegué”.
- ¿Qué están haciendo al respecto los vecinos?
- Nosotros estamos luchando y trabajando con la gente del CESAC (Centro de Salud y Acción Comunitaria). También hablamos con algunos legisladores que nos dieron una mano, pero si bien se sacó una Ley de Emergencia Sanitaria para la villa, tampoco se pudo hacer nada. El problema es que el Gobierno de la Ciudad no pone los recursos económicos y humanos necesarios. Lo único que hace es mandar el informe a la gente del CESAC de acá, que esta haciendo lo imposible pero no da abasto. Si Macri no manda recursos no hay forma de que solucionemos nada. Para que te des una idea, el año pasado luchamos contra el dengue, porque el Cementerio de Autos además es un matorral que es un fenomenal nido de mosquitos y ratas. Y por eso elevamos una nota con la gente del CESAC pidiendo tules y repelentes. ¿Cuál fue la respuesta del gobierno? Mandaron dos frascos de repelente para 42 mil habitantes, una tremenda burla para todos nosotros. Otra burla para mí fue que la Comisaría 52 y la empresa Jumbo me pusieran una causa contravencional “por contaminación del medio ambiente” por haber quemado gomas en una protesta.
- ¿Qué puede hacer la gente que quiera dar una mano y no sea del barrio?
- La lucha tiene que salir de acá, pero si se pudiera acompañar desde afuera sería muy lindo para nosotros. Porque muchos no saben que mientras el gobierno arregla plazas en Recoleta y Palermo acá nos estamos muriendo. Y si al Estado no le interesa la salud de la gente, menos le interesa la de los que vivimos en una villa. El Cementerio de Autos es un negocio muy grande para gente poderosa, pero ya no le tengo miedo a las amenazas y apretadas que sufrí. Si después de quince años de lucha tuve que internar a mi hijo, te aseguro que cambié mi impotencia por bronca. Porque no puede ser que un auto abandonado se valore mas que una vida humana. Si no se saca el Cementerio de Autos, estoy pensando en una huelga de hambre. Porque si el gobierno quiere una muerte, no le voy a dar la vida de mi hijo. Nosotros seguimos con la dignidad de no desearle la muerte a nadie, pero queremos que ellos recuerden que se están muriendo chicos acá por un Cementerio de Autos.